A sus 99 años, María Eugenia Álvarez conserva intactos los recuerdos de una etapa que la convirtió en testigo privilegiada de la historia argentina. Actualmente vive en un hogar de Monte Grande, pero durante el último año de vida de Eva Perón fue una de las enfermeras encargadas de asistirla de manera permanente, primero en el Hospital y luego en la residencia presidencial.
20 años, 20 historias: la enfermera que acompañó a Evita hasta el final vive en Monte Grande
María Eugenia Álvarez tiene 99 años y fue una de las enfermeras que asistió a Eva Perón durante su enfermedad. Desde un hogar de Monte Grande repasó los recuerdos de aquellos días.
Su vínculo con Evita comenzó cuando trabajaba junto al cirujano Adrián Bengolea. "Me cayó tan de golpe, tan en el corazón, que es el día de hoy que me acuerdo perfectamente de ella", recordó durante una entrevista con El Diario Sur en la que repasó aquellos años.
La enfermera explicó que sus jornadas eran extensas y que permanecía junto a Eva desde las primeras horas de la mañana hasta la noche. Cuando el estado de salud lo requería, se quedaba también durante la madrugada para acompañarla.
Según relató, la enfermedad nunca impidió que Evita continuara ocupándose de la Fundación que llevaba su nombre. Todos los días recibía colaboradores, escuchaba informes y daba instrucciones sobre la ayuda destinada a familias, trabajadores y niños.
"Ella siempre tenía un momento para trabajar", resumió Álvarez, quien destacó que la dirigente aprovechaba cada instante en que se sentía mejor para seguir adelante con sus responsabilidades.
La enfermera también participó de la operación quirúrgica a la que fue sometida Eva Perón y recordó que la enfermedad ya se encontraba muy avanzada. Con el correr de los meses, el deterioro fue obligando a extremar los cuidados médicos y de enfermería.
Además de asistir a Eva, mantenía contacto cotidiano con Juan Domingo Perón. Todas las mañanas el entonces presidente le preguntaba cómo había pasado la noche su esposa y cuál era la evaluación del equipo médico.
Álvarez recordó especialmente una conversación con Eva durante los últimos días de vida. "Eugenita, cuando yo me vaya, usted cuide al general Perón", le pidió, convencida de la gravedad de su enfermedad.
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Uno de los momentos más difíciles fue el día del fallecimiento de Eva Perón. La enfermera fue quien avisó a Juan Domingo Perón que su esposa había muerto y aún hoy recuerda el profundo dolor que expresó el presidente. "Lo vi llorar. Me dijo: 'Ay, Eugenita, cómo me quedo solo'", evocó.
En aquella jornada aciaga del 26 de julio de 1952 Eugenia fue la una de las últimas personas que la vio con vida y cerró los ojos de la mujer que marcó un antes y un después en la historia argentina.
Hoy, desde Monte Grande, María Eugenia Álvarez mantiene viva la memoria de aquella experiencia y recuerda a Eva Perón como una mujer "muy amable con la gente", que preguntaba por la situación de cada persona que recibía y nunca dejó de pensar en quienes necesitaban ayuda.
La escuela de enfermeras que impulsó Evita
Después de acompañar a Eva Perón durante su enfermedad, María Eugenia Álvarez fue convocada para dirigir la Escuela de Enfermeras creada por la Fundación que llevaba su nombre. Según recordó, fue la propia Evita quien decidió que una enfermera estuviera al frente de la institución para garantizar una formación basada en la práctica hospitalaria.
Durante esos años organizó la capacitación de decenas de profesionales que luego fueron destinadas a hospitales públicos. Explicó que el objetivo era elevar el nivel de la enfermería argentina mediante una preparación de tres años, algo poco habitual en ese momento. Tras el golpe de Estado de 1955, la escuela fue cerrada y muchas de sus actividades quedaron interrumpidas.

