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La emoción de los vecinos que participaron de la Peregrinación a Luján: "Nos llevó la virgen"

Entre la lluvia, los kilómetros y el cansancio, vecinos de la región peregrinaron a Luján y compartieron historias de fe y servicio.

La 52ª Peregrinación Juvenil a Luján volvió a convocar a cientos miles de vecinos de la región, que este fin de semana emprendieron el camino hacia la Basílica en una edición récor con 2 millones 700 mil participantes. Algunos lo hicieron por primera vez, otros volvieron a repetir la experiencia y también estuvieron quienes participaron desde el servicio, acompañando a los peregrinos durante el recorrido.

“Le dije a la Virgen que iba a tardar, pero iba a llegar”

Bárbara Pérez, de 29 años y vecina de San Vicente, peregrinó por tercera vez junto a tres amigas y al grupo de la parroquia San Vicente Ferrer. Esta vez tardaron 17 horas y media y caminaron entre cuatro y cinco horas bajo la lluvia. “Fue una locura de gente a comparación de años anteriores. Eso nos arruinó el ritmo, lo mismo el barro”, contó.

Al llegar a General Rodríguez estaba muy cansada y recibió asistencia de los servidores. Les dijo a sus amigas que siguieran sin esperarla, pero decidió continuar. “Empecé a llorar y a decirle a la Virgen que iba a tardar, pero iba a llegar”. Después de caminar algunas cuadras sola, volvió a encontrarse con sus amigas, que habían decidido esperarla para llegar juntas. Desde Rodríguez hasta Luján tardaron otras seis horas y, en las últimas 30 cuadras, Bárbara necesitó ayuda de una de sus amigas y de otra peregrina.

Cuando finalmente vio la Basílica, en el contexto de un importante amontonamiento de gente, se desmayó y debió ser asistida por voluntarios de la Cruz Roja. No pudo entrar a la Catedral, pero ya tiene un próximo objetivo: volver con sus amigas para cumplir también esa parte de la peregrinación.

"Yo vengo de una familia muy religiosa, siempre creí y siento que la Virgen me acompañó en distintos momentos de mi vida. Pero a la peregrinación vas y si no tenés fe, ahí empezás a creer. La experiencia es dolorosa, es sufrida, pero vale la pena", concluyó.

Maira, Iara, Bárbara y Camila, las amigas de San Vicente que llegaron a la Basílica a pura fe.

Maira, Iara, Bárbara y Camila, las amigas de San Vicente que llegaron a la Basílica a pura fe.

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Los servidores de la peregrinación

La jornada estuvo marcada por la lluvia durante las primeras horas, el cansancio y las dificultades del camino, pero también por la solidaridad y la emoción de llegar a los pies de la Virgen. Desde la parroquia San Antonio de Padua de Alejandro Korn, por ejemplo, varios vecinos formaron parte de los equipos de servidores en General Rodríguez.

Ana Nobile, miembro del grupo de Acción Católica, expresó: "Caminé muchas veces a Luján en mi juventud y ahora de grande siento mucha alegría en poder servir a los peregrinos organizando el viaje y acompañándolos en cada parada, con un abrazo, una sonrisa, un vaso de agua, una fruta, una venda o lo que sea para aliviar su sacrificio. La vida es un peregrinar y vemos como en medio de los sufrimientos y la alegría hay hermanos que nos abrazan, nos alientan a seguir y nos ayudan llegar".

Por su parte, Gisela Brossard, nutricionista, quien realizó su primer año de servicio, expresó: “Fue una experiencia muy linda. Volvimos cansados pero súper contentos”. También Mara Lomastro, enfermera y miembro de Acción Católica, vivió su primera experiencia como servidora: “Hacer un servicio para nuestra Madre me llenó de alegría. Agradecida con el grupo de servidores por la unión y el amor”.

Para quienes llevan varios años acompañando la peregrinación, la emoción también aparece en los pequeños momentos. Ana Chancolin, que hace tres años integra el servicio de apoyo a Luján, destacó especialmente el recibimiento a quienes llegan después de horas de caminata. “Me emociona aún mucho más verlos llegar tan emocionados, cansados y recibirlos con ese abrazo que necesitan. Es como misión cumplida”, expresó.

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Josefina es referente del grupo de apoyo al peregrino de la parroquia La Anunciación de Luis Guillón, integrado por unas 20 personas que trabajan durante todo el año para reunir los recursos necesarios para el operativo. Organizan eventos como choripaneadas y ferias del plato, además de recibir donaciones.

El grupo instala puestos de apoyo en Castelar, Paso del Rey, Álvarez, General Rodríguez y finalmente Luján. Allí ofrecen agua, jugos, bebidas calientes, sandwiches, galletitas y otros alimentos, además de espacios para descansar y recuperar fuerzas antes de continuar el camino.

Este año la lluvia también complicó el trabajo de los servidores. “La complicación más grande fue en Paso del Rey, que encima con la lluvia nosotros ponemos los cartones para que los peregrinos se tiren en el piso, descansen, levanten las piernas, se acomoden de la mejor forma posible y el piso estaba mojado”, contó Josefina.

A pesar de las dificultades, el grupo logró sostener los puestos y recibió numerosos mensajes de agradecimiento después de la peregrinación. “Nos alegra muchísimo saber que nuestro servicio, nuestro esfuerzo y toda nuestra predisposición sirvió de mucho”, destacó.

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El temor por la lluvia

La lluvia fue una de las dificultades de la jornada, especialmente durante las primeras horas. “En particular la previa, con tanta lluvia mientras íbamos con los micros, por supuesto que atemorizaba”, contó el párroco de Alejandro Korn Gustavo Oubiña. Sin embargo, una vez iniciado el camino, el temor quedó atrás: “Cuando bajamos de los micros y empezábamos a caminar como que ya todos esos miedos, esos temores ya se iban”.

Además, puso en valor a quienes estuvieron detrás de la organización y el acompañamiento. “Hay que agradecer siempre a los servidores, que son los que sostienen a los peregrinos, los que lo hacen posible”, señaló, y remarcó que ante una movilización de esta magnitud “la logística siempre queda chica”, aunque destacó la predisposición y el compromiso de quienes participaron.

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